Experimento: mis comienzos con una dómina


El mundo del sexo tiene muchas caras, y yo durante un tiempo estuve bordeando el tema de la dominación y la sumisión. Le veo cierto atractivo a estos roles en la parte sexual. Realmente todos en la cama adoptamos uno u otro rol, pero no de forma tan extrema como cuando empezamos a hablar de Madame, esclavo, sumiso, ama y mas nombres para dos formas de interpretar un papel.

En mi caso, conocí a una chica, bastante mayor que yo, con mucha experiencia en muchos ambitos y que llevaba unos años metida en el mundo de la dominación. Me interesé por la temática y ella empezo a mostrarme un mundo completo paralelo al que yo había vivido hasta entonces en mi sexualidad.

Según fuí conociendo mas de este mundo que ella me mostraba con pasión, me iba dando cuenta que no encajaba en ninguna de las formas, me atrae la estética, pero no la actitud.

Ella siempre insistió en la sensación de ser dominado, el placer de ser dominado, de contener los deseos y estar a expensas de la autorización de otra persona. Pero yo, sinceramente, no me veia en la situación, ella insistía y yo no me dejaba, no me dejaba dominar, pero tampoco reclamaba el ser yo el dominante entre nosotros dos. Por lo menos dominante en las formas que ella esperaba, y eso la desconcertaba. Se había acostumbrado a ser ella la que llevaba la voz cantante, y conmigo no podía, y por contra, tampoco yo me intentaba imponer ante ella.

Eso en su cerebro no le cuadraba puesto que al estar acostumbrada a su mundo de dominación/sumisión, en diferentes grados, no entendía el porque yo la trataba de igual a igual.

Esto es un ejemplo que una buena forma es descuadrarlas, hacer algo inexperado, ser congruente y mantenerte en tus principios, los que hayas elegido y no dejarte doblegar por sus armas. No cambiar para gustar a otra persona cuando va en contra de lo que pensamos o nos vemos forzados a hacer algo para agradar.

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3 pensamientos en “Experimento: mis comienzos con una dómina

    • Bueno, ella tenía una idea “del mundo”, unos dirigen, otros obedecen, y yo le rompí ese mundo. Entonces le ofrecí algo que otros no ofrecian, y era el trato de igual a igual. No la dejaba que se impusiera a mi, pero yo tampoco buscaba imponerme, y eso la llevo a curiosear y despertar su interés.

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